Semana Santa
de Cartagena

 
Santo Amor de San Juan en la Soledad de la Virgen
 
Si entre 1945 y 1952 fracasaron todos los proyectos encomendados a Capuz para mejorar los desfiles marrajos, fue en ese último año cuando el artista recibió el encargo de una de sus obras más logradas y significativas y de referencias personales profundas: el Santo Amor de San Juan a iniciativa de la Agrupación de San Juan Evangelista que ese año celebraba el veinticinco aniversario de su fundación.

Esta obra venía a colmar las aspiraciones de una agrupación que deseaba contar con un grupo de la categoría del Descendimiento. Junto a estos nobles anhelos se intentaba, además, evitar la repetición por la noche de la imagen de San Juan portando la palma en la mano izquierda, que ya participaba en la procesión del Encuentro. El resultado final no pudo ser más adecuado: un grupo de tres figuras que se presentan insertar a modo de una secuencia fílmica, donde sólo San Juan permanece en pie, mientras las dos restantes se encuentran arrodillada una y sentada la otra, para hacer más comprensible el argumento.

La composición utilizada por Capuz tiene su vértice superior en San Juan, que aparece así revalorizado por entender que él era el titular del tercio y no podía restársele protagonismo al incluir dos figuras que pudieran distraer la atención. La jerarquización de la talla central no evita el que todas formen un grupo compacto, que luego se separaría, ya que las diversas vicisitudes por las que pasó, modificaron sensiblemente su disposición, al variarse la ubicación de las dos figuras laterales e invertir su posición. Se puede observar en la maqueta que Capuz dispuso la figura de la Virgen a la derecha de San Juan, de tal manera que los rostros femeninos se inclinan hacia los lados en posición divergente. Con esa colocación desfiló  el grupo durante unos años, hasta que la figura de la Magdalena pasó a ser colocada a la derecha de San Juan -así es como hoy procesiona- con lo que las cabezas de la Virgen y de la santa mujer ya no recortan su silueta en el espacio, fuera de la imagen central, sino en la túnica del apóstol. Con ello se rompe la arquitectura de dolor ideada por Capuz –la postura de las cabezas incrementa du desolación, se transforma una estructura de emociones intensas y se alteran unas líneas marcadas por las direcciones de cuerpos y ropajes, que se subordinaban a una composición presidida por el equilibrio formal-.

Se acusan como dos técnicas contrapuestas en cada una de las imágenes para hacer precisamente más visibles los rasgos expresivos. Frente a la serena belleza clásica -otra vez volvía Capuz a sus orígenes nunca negados- de unos semblantes acabados hasta en sus últimos matices, destaca el vigor de unos paños en los que se traduce la huella de los instrumentos utilizados y la geometría de unos pliegues, cuyas hendiduras son capaces de transmitir un patetismo superior al de los rostros. Ese acusado contraste, que es el valor más importante de esta obra de Capuz, fue lo que sorprendió a la mayoría y desagradó a algunos. [1]

         
  DETALLE DE LA VIRGEN (MRC)
  GRUPO ESCULTÓRICO (MRC)   DETALLE DE MARÍA MAGDALENA (JRF)  

[1] Hernández Albaladejo, Elías. Capuz, un escultor para la Cofradía Marraja.