Semana Santa
de Cartagena

 
Santísima Virgen de la Piedad
 
Es significativo que la Cofradía Marraja en su deseo de enriquecer la procesión encargara a Capuz precisamente el grupo de la Piedad. Aunque con anterioridad ya procesionaba la imagen realizaba por Sánchez Araciel, las desavenencias producidas con el propietario, que se negaba a su cesión temporal, obligaron a sustituirla por una pieza fabricada en Olot, cuyas características no debían agradar a los cofrades y sería, en todo caso, una solución transitoria. Parece que desde antiguo la Cofradía Marraja albergó la ilusión de contar para su cortejo con el propio prototipo: la verdadera imagen de la Virgen de la Caridad. Hecho que habría sido lo más lógico si no estuviera por medio una serie de circunstancias que lo hacían totalmente inviable. Esto, efectivamente, hubiera sido algo insólito, habida cuenta del carácter sagrado y mítico de la imagen napolitana. Es revelador el nombre con el que en la prensa cartagenera aparece identificada la imagen: primero como Virgen de la Caridad y después como Piedad- Lo que confirma el deseo de la Congregación del Santo y Real Hospital de Caridad, de la que dependía tanto el templo como la sagrada escultura, de reservar con exclusividad tan glorioso nombre a la única imagen que desde sus orígenes lo había llevado.

Aunque no se conocen con detalle las circunstancias que rodearon el comienzo de la relación de la cofradía con el imaginero José Capuz, lo más importante es que aquélla obra tenía muy claras las características de esta obra que iba a ser el principio de su renovación escultórica.

La Piedad que ejecutó finalmente el valenciano responde a las aspiraciones de sus promotores. Una comparación rápida con el modelo napolitano ofrece una semejanza en sus líneas generales. Pero hasta aquí llega la deuda de la Piedad con respecto a la Virgen de la Caridad, porque la capacidad inventiva del artista, como tuvo ocasión de demostrar en los cometidos posteriores a la Guerra Civil, hizo lo demás. Aunque mantiene ese recuerdo visual a la patrona de Cartagena, Capuz no se sometió literalmente al modelo dado. Su insobornable honradez artística le impidió la imitación fiel y exacta del prototipo que se le presentaba. De ahí que la Piedad marraja sea tanto Virgen de la Caridad cuanto nueva creación. En ambas piezas la Virgen sostiene en su regazo a un Cristo que dibuja un punto de vista más frontal en Capuz, aunque enriquecido con la diagonal de sus piernas. Son estas sutiles diferencias las que enriquecen notablemente la creación de Capuz. La disposición de la Virgen se hace también más rica en posibilidades espaciales –no se olvide que éste es un paso procesional- , ya que adquiere mayores dimensiones. En la Virgen de la Caridad las dos figuras responden a una concepción frontal para ser contemplados en el fondo de una capilla y encima de un altar. En la Piedad, por el contrario, al ser un grupo para la calle, la imagen ha de crear su propio espacio en un sentido dinámico. Capuz hizo aquí una composición envolvente en la que la Virgen, acogiendo al Cristo, se curva desde su cintura hacia arriba y despliega más sus brazos. También varía el sentido y dirección en que la Virgen de la Caridad sigue siendo frontal y en Capuz se vuelve hacia el cuerpo inerte que tiene ante sí.[1]

       
  DETALLE DEL CRISTO (MRC)   GRUPO ESCULTÓRICO (MRC)   DETALLE DE LA VIRGEN (MRC)  

[1] Hernández Albaladejo, Elías. Capuz, un escultor para la Cofradía Marraja.