Semana Santa
de Cartagena

 
Nuestro Padre Jesús Nazareno
 
Tras la entrega de las dos imágenes anteriores, José Capuz recibió el encargo de esculpir el titular de la cofradía, hecho que debió de producirle enorme satisfacción porque manifestó “que así completaré una de las Procesiones” y añadió: “Como siempre he de poner en la ejecución todo el cariño que siempre me ha guiado en esta clase de obras”. Se trataba de sustituir la imagen provisional de José Alfonso Rigal que desfilaba desde 1940 y que tanto desagradaba. Este iba a ser el encargo más comprometido de los que recibió Capuz en la labor de reconstrucción llevada a cabo tras la Guerra Civil. Era la imagen venerable que gozaba de una gran tradición en la Cofradía y por esta razón habría de ser el trabajo que más presiones recibió.

A pesar de las gestiones de Juan Muñoz Delgado para obviar los obstáculos que ofreció la propia cofradía a la libertad creadora del artista, todo fue en vano porque hasta comienzos del mes de marzo de 1945 no llegó el nuevo Nazareno a Cartagena.

La imagen produjo aceptación y desconcierto al mismo tiempo porque Capuz talló el cíngulo que rodea el cuello, recurso que no parece apropiado en una escultura de vestir. No obstante, ya se sabe lo poco amigo que era el escultor de aditamentos y postizos y su continua capacidad innovadora. Evidentemente fue algo que no agradó y que tuvo que eliminar dos años después, cuando a comienzos de 1947 fue enviado el Nazareno a Madrid, junto con el Descendimiento para su restauración.

En definitiva, tan solo la exclusiva habilidad del escultor podía superar las limitaciones apuntadas y conferir nuevos valores a una tipología tradicional. Y eso fue lo que hizo Capuz al concentrar en el rostro de la figura todos los rasgos expresivos, huyendo de la aparatosidad barroca y dando la espalda a los gestos teatrales. A partir de unos medios escasos sabiamente utilizados creó un discreto lenguaje de signos y actitudes, ante los cuales no puede permanecer indiferente el contemplador. Apenas unos mínimos detalles en el rostro sirven para reflejar tanta aflicción y tanto dolor –así se explica que en un principio no quisiera una corona postiza ni aditamentos que acentuaran los tintes dramáticos del martirio-, que se concentran en un rostro que gira, como queriendo olvidar su camino de amargura, para fijar la mirada en un lateral donde están los espectadores. Y estos al no poder evitar esa mirada sobrecogedora se hacen copartícipes del sufrimiento que se representa y espiritualmente se unen con lo representado.

Por tanto, en la escultura del Nazareno, Capuz supo explotar las posibilidades de la figura procesional a través de un lenguaje muy específico que en nada empece con las características de su estilo. Se trata, sin duda, de una creación donde el peso de la tradición, no anula, sino al contrario, la renovación que protagonizaba Capuz en la imaginería pasionaria. Por todo ello, cobran sentido ahora las palabras del artista al considerarla como la mejor obra que realizó para Cartagena; evidentemente las dificultades a las que ha aludido abonan y justifican la opinión del escultor. [1]

       
  DETALLE (MRC)   JESÚS NAZARENO (MRC)   DETALLE DEL ROSTRO (JRF)  

[1] Hernández Albaladejo, Elías. Capuz, un escultor para la Cofradía Marraja.