Semana Santa
de Cartagena

 
LA PUERTA DE LA FE

 
   
  Ntro. Padre Jesús Nazareno (MMC)   

Queridos hermanos, ante una nueva cuaresma se nos presenta una excelente oportunidad, que este año nos ofrece Benedicto XVI, vivir con gozo en el marco del Año de la Fe y renovar nuestro compromiso con Jesús Nazareno. Este tiempo cuaresmal nos tiene que situar en una búsqueda del camino que inexorablemente nos ha de llevar al SacratissimumTriduum, expresión utilizada por San Agustín para referirse a los tres días de Cristo: crucifixi, sepulti, suscitati, en referencia al Triduo Pascual, aplicado al tiempo de pasión, muerte y resurrección del Señor.

 
El Santo Padre nos recuerda la importancia de este tiempo ya desde “los primeros siglos de vida de la Iglesia, este era el momento en que los que habían oído y aceptado el mensaje de Cristo empezaban, paso a paso, su camino de fe y de conversión para llegar a recibir el sacramento del bautismo. Se trataba de un acercamiento al Dios vivo y de una iniciación a la fe que se realizaba gradualmente, mediante un cambio interior de parte de los catecúmenos, es decir, de aquellos que querían ser cristianos y ser incorporados a Cristo en la Iglesia”.
 
Como cristianos y cofrades, no dejemos pasar esta oportunidad tanto si estamos cerca de Cristo, como si nos encontramos alejados de Él, como nos recomienda nuestro Obispo Diocesano en su carta para esta cuaresma, y sobre todo que no nos dejemos deslumbrar solamente por la belleza plástica de nuestras imágenes y desfiles, sino que seamos capaces de ver la espiritualidad y el sentido catequético de los mismos. 
 
La pertenencia a la cofradía marraja ya es de por sí un motivo de orgullo, no podrían entenderse las agrupaciones sin la cofradía, ya que la cofradía es el germen inicial, es el núcleo principal de familia en el que luego van creciendo, en su interior, las agrupaciones. Es por ello que no se puede pertenecer a una agrupación sin antes tener la filiación de marrajo. Ser marrajo es adquirir el compromiso de pertenencia a la cofradía pasionaria más antigua de la ciudad, de tener unas señas de identidad propias, marcadas desde sus comienzos por ese carácter de seriedad y austeridad en todas sus acciones. Pero ser marrajo conlleva también el significado autentico de la comunión viva de todos los hermanos en Jesús Nazareno, y hacer de Él, el centro de nuestras vidas, y que nuestro testimonio de vida como cristianos y miembros de una fraternidad tenga la credibilidad real para que esas imágenes de madera se hagan presentes y estén vivas en nuestra cofradía y en nuestra vida cotidiana. 
 
Desde la cofradía marraja se nos invita recorrer el camino de la fe a través de la adecuada formación de los hermanos, de la oración y de la caridad. Hagamos de la renovación interior nuestro empeño, hagamos de la labor solidaria nuestra seña de identidad, hagamos de nuestra cofradía el instrumento necesario para ejercer la nueva evangelización, hagamos de nuestras agrupaciones el medio para el crecimiento en la fe, hagamos de las cofradías en general una autentica, real y verdadera comunidad fraternal, pero sobre todo hagamos de las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, las herramientas de nuestra vida para el verdadero encuentro con Cristo Jesús. San Pablo, en su primera epístola a los Corintios les insta a permanecer en la fe, la esperanza y el amor; pero sobre todo en el amor a los hermanos.
 
Sigamos las recomendaciones del sucesor de la silla de Pedro y que en este tiempo de Cuaresma la "contemplación de la pasión, muerte y resurrección de Cristo nos ayude a seguirlo más de cerca", y que pongamos nuestro esfuerzo y trabajo en el servicio a la cofradía, y por tanto a la propia iglesia, siendo capaces de renegar del orgullo y del egoísmo para ponerlo al servicio del bien común.
 
 Que al igual que San Pablo, en su conversión camino de Damasco, esta cuaresma sea para todos nosotros, cofrades marrajos, un sincero y auténtico camino de transformación que nos permita acercarnos al Nazareno, y que el Espíritu Santo nos ilumine para que seamos capaces de entender la importancia de la labor evangélica que tenemos encomendada, que guíe nuestros pasos y nos ayude a cruzar la puerta de la fe.
 
Con mis mejores deseos para esta Semana Santa, recibid un fraternal abrazo en Jesucristo.

   
  Domingo Andrés Bastida Martínez
  Cartagena a 20 de febrero  de 2013